Y además de pelarnos de frío, aprovechamos para practicar esos deportes prohibidos en nuestra cultura del calor, la playa y el bañador… ¡los deportes de invierno!
El caso es que nos hemos apuntado a un curso de iniciación a los deportes de invierno y cada viernes nos vamos a uno de los parques de la ciudad y practicamos raquetas, esquí de fondo, patinaje sobre hielo y lanzamiento de bolas de nieve… jejeje!
Son deportes muy divertidos, en serio, casi tanto como repanchingarse en la playa, leer un libro y no hacer nada más que dejar que el dios Sol te recargue las pilas y las ganas de beberte otra cervecita… No… que estoy de broma… que molan, leche, lo que pasa es que hace un frío de la rehostia.
Para que os hagáis una idea, hoy toca esquí de fondo a -14º (sensación términca de -28º) y aunque el día está soleado y por la ventana de mi despacho la imagen de la ciudad aparece ante mis ojos como en un cuento de hadas (versión Disney on ice, claro…), todavía estoy sopensando seriamente si salir o no a la calle a esquiar.
¡Ánimo chaval (me lo digo yo a mí mismo, que chaveta estoy…), no hay elemento, por extremo que sea, que pueda pararnos! ¡¡A practicar los deportes que nos vamos… jeje!!
Aunque las temperaturas bajan y algunos días amenza con nevar, aquí seguimos, en Montreal, intentando adaptarnos y divirtiéndonos un rato.
Ya hace un par de semanas que volvimos de nuestro último viaje a New York, y hoy quería enseñaros unas cuantas fotos de la ComicCon, genialmente grande, divertida y llena de frikis, y otras atracciones neoyorkinas, como Coney Island, los mega-desayunos que nos pegamos allí o el divertido Museum of Moving Image, dedicado al cine, a la televisión, a los videojuegos y a muchas otras cosas divertidas.
Nos lo pasamos como niños (sí, sí, sobre todo yo) y disfrutamos mucho, en previsión de la llegada del invierno, el inicio de nuestros nuevos cursos intensivos de francés (4 horas al día, 4 días a la semana) y el periodo de hivernación más duro que nunca antes hemos vivido. ¡Espero que os gusten las fotos!
Este fin de semana pasado fue Halloween, acudimos a una fiesta y todo (sin disfraz, pues con el frío que hace hay que estar muy motivado) y al día siguiente, con la resaca de una sangría bastante peligrosa, mientras Amaiur dormitaba en el sofá de casa y leía un el último tomo de Le Magasin Génèral, yo me puse manos a la obra en la cocina.
El plan era preparar un Cous-cous marroquí como los que tantas veces hemos disfrutado en nuestro país norteafricano preferido y tener así comida lista, buena y energética para un par de días.
Primero, todo cortadito y peladito. El pollo, al final solo troceé los muslos, pues me pareció que esto de cortarlo era “mu pijo”. El calabacín (con la piel como dice mi madre), las cebollas, las zanahorias, los tomates, el ajito de Quebec (una cabeza, 2 dólares, señores, precio americano) y al final la calabaza, que con Halloween por medio no podía faltar en la receta.
Luego a la cocina, a pocharlo y reogarlo como diría el Arguiñano, y luego un ratito al chup-chup con agua caliente para que haga caldo y se ligue todo bien. A continuación, preparamos la sémola de trigo y como no tengo coscusera de esa, pues la preparo con la aguita medida y punto.
¿Habéis visto como domino la jerga? Ahora solo queda comérselo, espero que esté tan bueno como pinta tiene. Un abrazo, amigos, nos vemos pronto…
Y aunque estamos en Canadá, un país con más de la mitad de los recursos hídricos del planeta, no pensaba que iban a llegar “las aguas” de esta manera…
Después de una semana pasada divertida en NYC (con visita incluida a la ComicCon, a la próximamente remodelada Coney Island y su genial parque de atracciones y al estupendo y desconocido Museum of the Moving Image de Queens, dedicado al cine, a la televisión y a la carrera artística de Jim Henson), ayer nos fuimos a la cama pronto después de ver el primer episodio de la segunda temporada de The Walking Dead.
A las dos de la madrugada no nos despertó ninguna pesadilla zombi, sino los bomberos de Montreal y un escape de agua tremendo en casa. Esta es la secuencia de los hechos:
1. Dormíamos plácidamente cuando me despertó el ruido que venía de fuera.
2. Me levanté y con 2 dedos de agua, conseguí localizar la fuga y cerrar la llave de paso del lavabo.
3. Los bomberos entraron por el balcón de la habitación, Amaiur, todavía en pijama, recibió a un pedazo de bombero con cara de “¿qué es esto?”.
4. Nos pusimos a achicar agua y me pegué un guarrazo que te cagas en el lavabo, todavía me duele el culo.
5. Suerte que mi madre nos había regalado toallas a punta pala, si no todavía estamos secando el suelo con el mocho de 12 dólares que tenemos.
6. Nos fuimos a la cama casi a las 4 de la mañana, con la casa patas arriba y los pies fríos.
¿Veis lo divertido que es vivir en Montreal? Ahora solo tienen que sacar todo el agua deledificio, como es completamente de madera se filtró hasta el piso de abajo y no os podéis imaginar la que se lió, los suelos tienen agua, las paredes tienen agua, los muebles tienen agua, pero, por suerte, “no hemos sufrido ni una baja”.
En breve os cuento lo del Museum of the Moving Image de Queens, ¡¡fue una pasada!!
Hace menos de dos meses que aterrizamos en Montreal pero a mi me parece ya que llevemos dos años. Supongo que es gracias a la facilidad de hacerte con la ciudad, de tomar nuevas costumbres y de la intensidad de la aventura. Aquí no hay tiempo para aburrirse, los pequeños problemas nos surgen a diario, un día no nos funciona la lavadora, al día siguiente la nevera, o bien cae la conexión de Internet, en fin que esto es un no parar.
Las temperaturas han bajado un poco, durante la noche las mínimas alcanzan los 15-18 grados, lo que nos permite dormir de maravilla, pero durante el día pueden alcanzar los 30 grados, así que ya me podéis imaginar al salir de casa: pantalón corto, camiseta, zapatillas deportivas, paraguas (hay que llevarlo SIEMPRE encima), chaqueta tejana, botella de agua, gafas de sol… ¡Tienes que llevar todos los accesorios necesarios del verano y del otoño al mismo tiempo!
Pero no escribo para hablaros del tiempo, no, escribo porque ayer mientras Álex trabajaba me escapé al Musée de Beaux Arts de Montreal, y quería escribir cuatro líneas sobre él. La exposición permanente tiene obras de arte contemporáneo y de arte moderno. Además de una sala dedicada a Napoleón, hay también una curiosa colección privada dedicada al gravado, donde hay obras de Dürer y de José de Ribera. No pude visitar la sala de arte moderno porque estaba cerrada, pero paseé durante una hora la sala de arte contemporánea en la que encontré un par de obras muy interesantes. La primera me provocó un gran estado de ansiedad. Aquí os la muestro en una imagen. Se trata de una escultura de dos simios esqueléticos devorando a otro obeso. La escena es muy realista, el artista Tony Matelli no ha ahorrado en detalles. Las expresiones de los simios son terroríficas, solo falta escuchar los gritos y oler la sangre. Es una pieza que me hizo reflexionar sobre la situación actual: los marginados devorando a los ricos, la continua lucha de clases, los que tienen poco o nada versus los que lo tienen todo.
La otra obra es un lienzo de unos tres metros y medio por dos metros en la que se ve a unos pintores dibujando al aire libre el despegue de un cohete. La obra se titula Action Painting 2 y es del pintor californiano Mark Tansey. En este caso el preciosismo es también una de las características de la obra. La nube que provoca el despegue es de tal belleza que pasas por alto lo destructiva que puede llegar a ser a parte de ruidosa, claro.
Si queréis verlas personalmente, ya sabéis os podéis dejar caer por Montreal, yo esperaré a que abran la sala de arte moderno para ir a contemplar los cuadros de Monet y Picasso.
Esta semana empieza el Festival de Films du Monde de Montreal. Espero en el próximo post explicaros alguna película que hayamos visto.
Hoy os voy a contar una cosa que me lleva sorprendiendo desde el primer día que llegué a esta ciudad, ¿cuántas mascotas se pierden en verano en Montreal
Pues al parecer muchas, o eso es lo que deduzco por los múltiples cartelitos que te puedes encontrar paseando por cualquiera de los barrios de la ciudad. Hay gatitos, persas, chiguaguas, otros perritos… ¡a cuál de ellos más mono! Y los carteles no tienen desperdicio, mirad, mirad los varios ejemplos que os enseño y veréis lo creativa que es la gente aquí. ¡Hasta encontré uno en el que ofrecían 100 dólares de recompensa! A eso le llamo yo estar vinculado a tu mascota…
Por el momento barajamos una hipótesis como explicación a este suceso sin parangón, como durante el invierno hace tanto frío y los pobres animalitos no pueden salir de sus casas por miedo a morir congelados nada más traspasar la puerta, en verano deciden salir fuera a gamberrar a tope y ligar con todas las gatitas o perritas que puedan. ¡Carpe diem es lo que dicen! Después de varios días de juerga inenturpida no son capaces de recordar el camino de vuelta a casa y se quedan vagando por los múltiples parques de la cuidad, que por cierto están llenos de ardillas.
Curiosidades a parte, la vida aquí continúa de festival en festival, hoy hemos estado (después de trabajar en finde “bien pagado”) en el Festival de la Cultura Japonesa (Matsuri Japon). No era muy grande, pero la gente estaba muy motivada, casi todo el mundo disfrazado, haciendo bailes típicos, tocando los tambores japoneses y desgustando deliciosas especialidades asiásticas. Mañana toda el festival italiano y quizás nos pasaremos a comer un buen plato de pasta.
Hace una eternidad que no publicamos nada en el blog, no por pereza, si no por falta de tiempo. Pero hoy la ocasión bien lo merece, ¡primera visita a NY desde que vivimos en Montreal!
El caso es que desde hace una semana que mis padres (Nino y Lupe), mi hermana (Ruth) y mi sobrino (Álex Junior) están aquí de vacaciones, ¡y no se podían ir sin pasar un fin de semana en la Gran Manzana! El plan fue hacer una visita rápida a la ciudad para ver las atracciones más importantes (Little Italy, Chinatown, el Empire State, la Estatua de la Libertad…) ellos se marcharon hacia allí el jueves por la noche y nosotros el viernes después de trabajar y estuvimos juntos hasta el domingo por la noche.
El viaje. Desde Montreal la cosa es fácil y baratilla, por unos 100 euros puedes comprar un billete ida y vuelta a NY y hacer los viajes por la noche para ahorrar tiempo y dinero en hoteles. Pero no todo es perfecto porque te hacen parar más de una vez durante el trayecto y tienes que pasar la ADUANA AMERICANA. Sí, amigos, la ADUANA AMERICANA es una mi%$& enorme. Llegas allí, te dicen que el ESTA por el que has pagado 14 $ no sirve para entrar en autobús al país, te hacen mil preguntas atentando contra tu intimidad y te cobran otros 6$ por un nuevo visado… ¡menuda risa con la tía Felisa!
La estancia. Pues esta vez hemos tenido mucha suerte porque una amiga de Amaiur, a quien quiero saludar y agradecer desde aquí su generosidad, nos dejó su apartamento en pleno corazón del Village, por lo que dormimos bien, en el centro de Manhattan y de gratis.
Las visitas. El Little Italy y sus ahora turísticos escenarios de El Padrino se llevan la palma, pero no hay que desmerecer el Soho (actuación de breakdance en la calle incluída), el concurrido Chinatown, el “relajante” Central Park y el apavullante escenario de Times Square. ¡Qué más se puede pedir en 2 días si además quieres hacer un poco de shopping!
Las compras. En NY puedes comprar de todo, siempre hay rebajas y tienes que ser muy espartano para salir de allí sin picar en nada. Nuestras compras preferidas: cómics, libros y ropa. Nos dejamos la pasta en Strand, en Forbidden Planet y en las tiendas de ropa. Y hablado de librerías, fuimos a una Borders en liquidación y cierre con carteles enormes anunciando descuentos y rebajas por cierre. ¡El negocio se acaba!
La comida. Qué os voy a contar… burgers, comida japonesa, italianos, guarrerías, desayunos de campeonato y otras especialidades típicas de la ciudad más multicultural y estresante del mundo. ¿Cuánto vale una botella de vino en NY? 24 $ y no era ninguna maravilla, amigos…
La vuelta a casa. Una locura, porque fue llegar, ducharnos y prepararnos para ir a trabajar, además Amaiur empezaba en su nuevo curro ese mismo día. Toda la noche viajando, más paradas imprevistas (¡¡Nos pararon 25 minutos en un duty-free a las 3 y media de la madrugada!!) y el paso por una aduana canadiense agradable, apacible y nada agresiva que nos convenció más de que la opción por Montreal y Canadá a sido la correcta para esta aventura. No hay comparación, Canadá no es EE UU.
Pocos días, muchas cosas, como viene siendo habitual desde que estamos aquí. Solo eché en falta a mi hermana, un beso Núria, y a todos nuestros colegas. Ahora solo queda esperar al 13 de octubre para volver a NY, ¡la Comicon está a la vuelta de la esquina!
Estamos a 10 de julio y en poco más de dos semanas de aventura hemos hecho muchas, muchas cosas. Ahí va un resumen.
Esta semana hemos estado en blanco por varios temas: yo he estado haciendo el training (la formación en cristiano) de mi nuevo trabajillo, LQA at Babelmedia (jeje! Ya parezco Sheldon con el tema de las siglas de los puestos de trabajo, pero aquí es como funciona). Y Amaiur se ha pasado toda la semana dándole que te pego al piso nuevo -firmamos el contrato el miércoles-, a las traducciones que nos trajimos desde Barcelona -Arnau estamos en ello- y a la búsqueda de un curro más completito que el que ya tiene y empezará el viernes que viene (chicos, tenéis que darle muuuuchos ánimos estos días).
Si el tiempo no acompaña, no pasa nada. Una semana ha pasado desde los últimos conciertos del Festival de Jazz. Vimos un par de grupos interesantes: un brasileiro llamado Rael da Rima (hip-hop brasilero) y unos canadienses, Ross Neilsen and the Sufferin’ Bastards, que se definían musicalmente como dirty, dirty blues. Durante el primer concierto llovió (y fuerte), pero como aquí son más chulos que un ocho, y no se amedrentan ante su extraña y caprichosa climatología, no se movió nadie y el concierto continuó como si nada. Nosotros, claro, llevábamos paraguas.
Cómo se alquila unpiso aquí. En Montreal, este trámite no es ni de buen trozo la odisea que es en Barcelona. Ésta es la secuencia a seguir: 1) Encuentras el piso. 2) Persigues al propietario para que te lo enseñe, si te gusta, le dices que te lo quedas, sino, a otra cosa mariposa. 3) Firmas un contrato, el BAIL, por 1 año directamente con el dueño, en el mismo piso (sin aval, fianza, gastos de contrato, intermediarios, ni nada). 4) Ya está, el piso es tuyo. Si antes del año te quieres ir, buscas a otro inquilino y punto (to sublet). Si no encuentras a nadie, pagas 1 mes de multa. ¡Así de fácil! Y para colmo, te entregan el piso pintado, limpio y renovado, y por todo lo que pides que sea arreglado, recibes como respuesta “Okay, we’ll change it”. ¿Qué me decís? ¿Es mejor sistema éste que el que conocemos? Yo creo que sí…
¡¡¡Booooooooono!!!En cualquier caso lo más excitante de estos últimos días no ha sido nada de lo que os he contado hasta el momento, sino el concierto del viernes noche con los chicos de U2.
Al grano que voy, nos fuimos hasta las afueras de la ciudad, no muy lejos, a 40 minutos de casa y con el metro, que iba a reventar. Nos comimos un superwhopper antes de entrar. Llegamos al Hippodrome, lugar donde habían montado el impresionante escenario 360º, esperamos a que acabaran de tocar los Interpol y disfrutamos de más de dos horas de música al más alto nivel. Más de 80.000 personas nos amontonamos allí, generando unos ingresos de 740 millones de dólares (sólo en la venta de entradas), de los cuales un buen pellizco seguro que va a los bolsillos del solidario y desinteresado vocalista de este magnífico grupo.
Y ahí es donde quería llegar yo, porque durante el concierto, el líder de U2 nos dio un poquillo la chapa con Palestina, las desigualdades en el mundo, la censura política de muchos paises y todo para leer al día siguiente el pastón que habían generado… Bueno, supongo que yo prefiero al Bono roquero antes que al Bono solidario, aunque él se empeñe en combinar sus dos facetas. Ahí va un vídeo en el que lo intento explicar.
Y poco más, esta mañana, de camino al mercado en busca de nuestras vituallas semanales, nos hemos topado con la calle Saint Hubert, una zona comercial popular y muy importante, de solde, de rebajas. Con todos los productos de las tiendas en la calle y un montón de gente paseando y comprando gangas.
Definición de gangas en Montreal: algo que nadie en su sano juicio se compraría por estar desfasado, anticuado, roto, sucio o simplemente “por ser feo que te cagas”. A modo de despedida y para que entendáis lo que os estoy contanto, ahí está Amaiur con unos trajes a muy buen precio, pero más bien horterillas. ¡Un abrazo a todos!